Los alérgenos son proteínas capaces de generar efectos nocivos e indeseables al individuo, causando lo que conocemos como alergia alimentaria. Debido al aumento de la incidencia, junto con el modo al que afecta a la calidad de vida de los individuos que la padecen, los alérgenos alimentarios se deben considerar como peligros alimentarios y por ello es necesario establecer medidas de prevención y control que protejan la salud de los consumidores sensibles. Los síntomas más frecuentes afectan a la piel (enrojecimiento, urticaria, hinchazón de ojos, etc.); al sistema respiratorio (ronquera, estornudos, dificultad respiratoria, etc.); digestivo (vómitos, náuseas, diarreas, etc.); y produce otros síntomas como el dolor de pecho, mareos, pérdida del conocimiento. Por todo ello, es necesario implantar en los establecimientos alimentarios un Plan de control de alérgenos, que debe prevenir las reacciones por alergias e intolerancias alimentarias, instaurando medidas de prevención y control.